LAS BONDADES DEL MÉTODO ABP
- 19 sept 2020
- 3 Min. de lectura
Por Edith Noelia Llontop Guevara
Profesora
Con la aplicación del nuevo Currículo Nacional de Educación Básica desde 2017, ha resurgido el famoso término “Proyectos”, palabra que nos ha sonado a “novedad”, y que sin embargo, siempre ha estado presente en nuestro bagaje pedagógico, pero tal vez olvidado o simplemente hemos omitido el impacto que puede tener en nuestra práctica docente. Ante esto cabe preguntarnos ¿Qué tan atractivo puede resultar para nuestros estudiantes aprender con el método de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP)? Quienes venimos trabajando con este método de la “Escuela Nueva” podemos dar fe de los resultados óptimos que se llegan a conseguir para el desarrollo de competencias de nuestros estudiantes.
Han pasado más de 100 años desde que William Kilpatrick diseñó este método con el fin de generar un cambio revolucionario en las escuelas de su época, a fin de pasar de la enseñanza tradicional a una que dotara aprendizajes significativos para la vida de los estudiantes. La esencia de este método radica en la excelencia del aprendizaje a partir de los intereses y experiencias de nuestros dicentes, hecho con el cual comulgo en todo sentido, porque en el aprendizaje convergen las realidades de nuestros niños y jóvenes, realidades de diversa índole que no podemos obviar y que por el contrario está en nuestras manos como maestros, suscitar la toma de decisiones, solución de problemas, autonomía y responsabilidad; en ese sentido, habremos logrado el perfil de un niño o joven competente.
Para la experta en método ABP, Suzie Boss, el estudiante gusta de proyectos que guardan relación con su mundo real, ya que los comprometen a la transformación de esas realidades que van conociendo en el acto de ganar aprendizaje, desde esta perspectiva no tengamos duda de que cuando a nuestros estudiantes se les ha metido la idea de cambiar el mundo, agotan todas las acciones posibles por ejecutar desde la escuela, y valgan verdades, son alas que no debemos cortar, sino más bien, debemos impulsarlas para que sean desplegadas con total libertad.
Por otro lado, Boss, a propósito del contexto de educación remota que hoy vivimos, señala que el método ABP puede ayudarnos a potenciar aspectos claves como la retroalimentación, puesto que los proyectos pasan por fases como la propuesta, planificación, elaboración y evaluación, de las cuales es responsable el mismo estudiante; si nos damos cuenta, esto se consolida en una oportunidad para acompañarlos estratégicamente, en vías de hallar respuestas a sendas problemáticas que no están en un examen escrito, sino que emergen de su contexto. ¿Quién mejor que nuestros niños, niñas y jóvenes para dar alternativas de cambio o solución? Desde esta perspectiva haríamos una legítima retroalimentación.
Si John Dewey a inicios del siglo XX proponía una revolución en la educación con metodologías activas que saquen al estudiante de la pasividad, ¿Por qué nosotros, los maestros, no podemos ser esos nuevos Dewey del siglo XXI? Es cierto que muchas veces las normas y la burocracia del Ministerio de Educación nos repliegan y limitan en nuestro quehacer pedagógico; no obstante, en nuestros hombros reposa la responsabilidad de “engendrar” futuras generaciones que sean agente de cambio, y eso es algo que no se enseña con el dictado de una clase magistral, sino con ejemplo. Hagamos una reflexión de nuestra práctica docente, dejémoslo todo en la cancha; métodos como el ABP pueden ayudarnos a descubrir grandes potenciales humanos en nuestras aulas.





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